viernes, 30 de diciembre de 2011

Como Castelli te pido “si ves al futuro, dile que no venga”


El peligro de buscar algo, 
                                        es que a veces uno lo encuentra.

Lo mismo sucede con la verdad,
el riesgo es hallarla, y luego no saber que hacer con ella,
y con todos los que temen, que resplandezca y genere conciencias.

Porque esa verdad afirma que en este mundo avanzado, tecnológico y disfrazado,
lejos de los hombres con alma y de puras creencias,
solo habitan las gentes,
a quienes les borraron los sueños y volvieron marionetas.

Pues el hoy, se basa en la propiedad privada, el lucro y la competencia,
donde no importa la vida y solo vale la eficacia extrema.
Eficacia en un sistema en el que el reloj tirano acelera el paso,
y mientras se corre, se desespera.
Prima lo urgente en un tiempo que vuela,
y mientras olvidamos lo importante, el capitalismo es quien nos reina…

Somos sujetos sujetados a lo que el poder  impone, cambia, disfraza y muestra.
Y así nos convirtieron en burgueses consumistas, de la tele y de la moda,
sigue el mundo de matanzas, hambre, ignorancia y miseria, que,
se encarcela, exterminan o ignoran,  ya ha nadie interesa,
así sea por petróleo, soja, agua o la propiedad de nuestra tierra.

Quizá nos convencieron
Quizá gano la derecha asesina, la iglesia, y las fuerzas,
Quizá hoy muchos crean que la resistencia y el cambio,
fue un mito setentista y guebarista, para vender llaveros y remeras.

Quizá gano el miedo, y la indiferencia borro a Videla
Quizá aquella lejana y presente dictadura, mientras se hacia rica,
Y nos distraía con mundiales y Malvinas,
Logro que no nos duela, que creamos que algo hicieron.
Que torturaban, secuestraban y asesinaban,
en nombre de la verdad única y progresista.
O simplemente a disgusto por la obediencia debida.
Y para su triunfo, no solo  los cuerpos humanos desaparecían,
sino aún peor, desaparecieron su lucha por la verdad y los sueños de justicia.
 
Hoy ya hay subversivos, ya no hay debate ni parias locos disidentes,
Hoy solo abundan las ficciones de una triste y silenciosa tragedia,
Que por global se ríe de nuestra ceguera,
desde la cual ignoramos que lo material y  de alto precio, llega, ostenta,
y si se queda o se va, ningún valor real se queda.

Mezclados en el laberinto de la alineación, el individualismo y la indiferencia,
somos el Macbeth de Shakespeare, somos tan solo piezas.

Y en ese juego salvaje nadie ha objetado,
que enajenados consumistas y con créditos y tarjetas,
se consume por inercia,  y en el veraz nos numeran,
mientras creemos que logramos mucho y ni siquiera poseemos existencia,
porque, solo pasando, no se es, ni se deja huella.

Nada vale hoy si no basa en fugaces arenas.
Pues,
en estos tiempos de egoísmo y supervivencia:

Lo que no es ganancia,

                                      simple y complejamente,

                                                                               es perdida.


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